I. Ya tengo impresora 3D ¿Y ahora qué?

Se inicia con éste una serie de artículos en los que se van a ir describiendo las posibilidades que se te abren cuando dispones de una impresora 3D (la tuya propia o una compartida con otros). Puede que la serie no se cierre nunca porque el campo de acción de estas máquinas es casi infinito. Espero también que en la colección vayan colaborando mis compañeros de BilbaoMakers y cualquiera de vosotros, lectores ingeniosos, seguidores curiosos y makers en general.

Impresora_3d_00

Cuando algo se hace asequible (ciertas impresoras 3D tienen ya un precio que puede ser pagado por una clientela muy amplia) sus usos se empiezan a diversificar. Hoy en día somos bastantes los que nos hemos acercado a este “territorio” llegando hasta él desde lugares muy distintos, con experiencias e intereses muy dispares también.

Esta serie de artículos no va tanto dirigida a los que mantienen su impresora 3D echando humo (porque tenían muy claro lo que querían sacar de ella cuando la adquirieron). Está más pensada para esos otros que tienen curiosidad por la impresión 3D de la que tanto se habla. O para los que en su día adquirieron una impresora sin tener muy claro en qué la iban a utilizar. Y también para mi grupo preferido, los que sí la utilizáis pero sufrís de vez en cuando la típica crisis creativa (esa que solo pueden padecer las personas que crean).

Las impresoras 3D son las máquinas que harán de nuestro futuro un paraíso. Con una de ellas, cualquier ciudadano del mundo será completamente autónomo y podrá fabricarse o reparar todo lo que necesite para que su entorno sea mucho más cómodo y feliz.

Exagerado verdad? Pero seguro que todos habéis escuchado entrevistas o leído reportajes (en medios de comunicación muy serios) en los que se deslizan ideas similares. La realidad, por desgracia (o por suerte) es bastante menos idílica. Ni las impresoras 3D, ni el movimiento maker, van a cambiar el axioma básico de la acción que  podría enunciarse así:

No hace quien puede sino quien quiere

Parece una perogrullada (realmente lo es) pero conviene darle una vuelta porque lo más evidente es lo que pasa a veces más desapercibido. El querer hacer es una actitud. El que la posee hará con lo que tenga a mano o se buscará la vida para encontrar lo que necesita. El no querer hacer es exactamente la contraria. El que la posea no hará y puede que en algún momento se justifique diciendo que haría si pudiera. El que esté en la actitud de hacer, saldrá de una isla desierta construyendose con sus manos una balsa con vela, remo y brújula. El que no, tras un mes en un fablab bien equipado, habrá construido…una bolita de moco quizás?

  • Una impresora 3D en manos de un maker será una herramienta de construcción poderosísima.
  • La misma máquina para un no maker será un cachivache más.
  • ¿Y para la gran mayoría, los que estamos entre lo uno y lo otro? A nosotros, ordinarios mortales, una impresora nos puede ayudar en muchas cosas y puede que nos dé también un sutil empujoncito. Ese que, en determinadas circunstancias, nos hace pasar de la pausa a la acción.

Tenía pensado terminar aquí el artículo pero voy a entrar un poco en materia.

Una manera muy corriente  de poner nuestra impresora a trabajar (yo creo que muchos empezamos por ella o la utilizaremos en algún momento de nuestro recorrido) es acudir al oráculo de la impresión 3D: Thingiverse.

Has desempaquetado tu máquina o te la has montado (si la adquiriste en modo kit). Tienes una idea muy clara (o aproximada) de cómo funciona y quieres verla hacer algo. Cualquier cosa sirve.  Esto no es una batidora ni un secador de pelo en el que ya pasan cosas cuando lo enchufas y le das al interruptor. Aquí, con suerte, puedes mover los ejes (arriba/abajo, delante/detras, derecha/izquierda), ponerla a calentar para que funda el filamento e incluso empujarlo con el extrusor para que salga por la boquilla. Pero la máquina no va a construir nada si no le cargas un archivo con las instrucciones para hacerlo. No hay nada para estas situaciones como entrar en thingiverse, hacer una búsqueda de lo primero que se te ocurra (o lo segundo, que cansa ya tanto Darth Vader) y descargarse el archivo de una pieza a voleo.

Después, cuando hayas sufrido lo tuyo con una máquina que no nos pone las cosas fáciles a los principiantes, volverás a thingiverse porque es un repositorio fabuloso en el que una gran comunidad de creadores está continuamente aportando soluciones a diferentes problemas. Ultimamente yo me he descargado unas cuantas que me han servido para tunear mi propia impresora (le dedicaré a ello un capítulo). Si no he subido todavía nada es porque considero que nada de lo que he hecho pueda tener un interés “general”. Todo se andará.

He hablado de esto en la introducción porque realmente quiero pasar por ello a toda velocidad. Una impresora 3D es una buena máquina para “copiar” pero su potencial completo se despliega cuando la utilizas como la herramienta con la que finalizas tu acción creadora. Así las cosas, tendrás, no solo que ser capaz de pensar en lo que quieres sino en dibujarlo en algún entorno que te permita luego (con facilidad y fiabilidad) convertirlo en un archivo “imprimible”.

Los que hayáis llegado “sabidos” a este mundillo entendéis de lo que hablo. Tendréis quizá experiencia en programas de diseño como Autodesk, Solidworks, Catia, etc. Si disponéis de cualquiera de ellos y no queréis cambiar, estupendo. Para los que hemos llegado aquí con las manos en los bolsillos (que es lo mismo que decir con un lapicero y una goma) o para los que no quieran depender de software propietario, la alternativa es FreeCad.

Un programa de diseño 3D que es:

Aunque sé que cada persona es un mundo y las decisiones de cada cuál tienen siempre un por qué,  desde mi posición me resulta difícil entender que se pueda rechazar una opción como esta.

Ahora sí que doy  por terminada la introducción. En el siguiente capítulo…

Soluciones grandes para problemas pequeños

O era al revés?

Otros capítulos de esta serie:

Problemas especiales > Objetos a Medida

8 comentarios en “I. Ya tengo impresora 3D ¿Y ahora qué?”

  1. La verdad JC, si cada vez que me han preguntado “y que haces con una impresora”, o la tipica de arriba, “se puede hacer de todo”, si hubiera tenido este articulo me hubiera ahorrado muchas explicaciones :D.

    1. Me alegro que te haya servido de algo Borja. Me debes una entonces 🙂
      Así que vete pensando en algo “que haces con tu impresora” y que pudiera publicarse en esta colección. En general tenemos tendencia a quitarle valor a lo que hacemos simplemente porque hemos adquirido la costumbre de hacerlo. Pero, al que no la tiene todavía, nuestra forma de hacer le puede aportar mucho.

    1. Muy amable Asier. Y me sorprende que te sorprenda. Porque en el fondo el artículo es un copia-pega (bueno vamos a dejarlo en un copia-estructura-pega) de muchos inputs que recibo cuando miro, escucho y converso. Si no percibes alguno tuyo por ahí es que soy un gran tramposo y lo he disfrazado muy bien 🙂

    1. Soy un recién iniciado en este mundo así que no creo que os vaya a descubrir nada nuevo a los que lleváis mucho camino recorrido.
      Quizá algún detallito que se os haya escapado (en esta carrera va todo muy rápido), refrescar en vuestra memoria sucesos pasados (que para mí son presentes) y, sobre todo mucha ilusión (la típica del principiante 😉

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